No lo permitimos. Le pedimos o le ordenamos o lo chantajeamos o… todo lo que usted se le ocurra. Inclusive le decimos: «Si te comes todo esto (que ya nos dijo que no le entra) yo te premio con tu pastel favorito (o sea: con más comida).

O sea que le enseñamos, prolija y esmeradamente, a desoír a su estómago, a su cuerpo. ¡Y luego nos asombramos cuando no reconoce la saciedad!

Y hemos elaborado toda una ideología a partir de estas actitudes: «La comida no se tira», «El plato debe quedar limpio», «No puedes negarte si te convidan algo, es de mala educación», «En el mundo hay mucho hambre, por eso tú debes comértelo todo». Aprendemos a comer hasta que se acaba la comida o hasta que no cabe más.

Y siempre «cabe más». Aunque sea este pedacito.