Casi todos los mamíferos cuentan con un recurso que les ha servido a través de toda la historia para sobrevivir a sequías y hambrunas: cuando en la pradera, el bosque o el hábitat natural falta el alimento, los animales disminuyen su gasto calórico a niveles inimaginables, y además van perdiendo su peso hasta morir de inanición.

Pero. ¿qué pasa cuando la sequía termina y vuelve a haber alimentos, con los animales que han sobrevivido, aunque estén muy flacos? Un mecanismo atávico que probablemente esté inscripto en el hipotálamo hace que cada uno recupere muy velozmente todo el peso perdido y algo más, como reserva adicional para futuras hambrunas.

Este mecanismo está presente en el género humano y es la explicación a ese fenómeno repetido de que, cuanto más enérgica ha sido una dieta, al dejarla, nos basta con «respirar hondo» y ya engordamos. Además, con cada dieta, nuestro cuerpo aprende cómo defenderse, o sea, como resistir la «hambruna» y como recuperarse (reengordar) más rápidamente.